Me complace presentaros al autor de esta entrada: Raúl Alcantarilla. Tiene 27 años y vive en Alicante. Es graduado en traducción e interpretación de alemán y su pasión es la escritura; de hecho cursó cuatro años de escritura creativa en el centro Imaginalia. Raúl ha publicado su primer libro en Amazon hace muy poco, el 17 de julio de 2020, se titula: Max Magnus y el caballero errante. También es autor de la web Cómo escribir juvenil en la que encontrarás valiosos consejos sobre escritura y difusión en internet; además te recomiendo que te suscribas a su blog porque en él comparte reflexiones de diversa naturaleza con un toque fresco y original. Raúl también te puede ayudar con la maquetación de tu manuscrito o la preparación de este para autopublicarlo en Amazon.

Hace una semana tuve la oportunidad de publicar en su blog un post titulado Sobre la necesidad de corrección de un manuscrito y esta semana es él el invitado.

Sin nada más que añadir, te invito a que disfrutes de su entrada en el blog de Letrana.

Introducción

Con la economía parada y todas estas circunstancias covídicas, en los últimos meses muchas personas han recuperado su afición por escribir o han podido dedicarle más horas de lo que hacían habitualmente.

De modo que es posible que ahora te encuentres con un libro terminado. O mejor dicho: casi terminado.

Que hayas escrito el último capítulo no significa que tu manuscrito esté listo para que lo lea alguien que no sean tus padres, tu pareja y tu mejor amigo.

Al fin y al cabo al escribir es inevitable cometer ciertos fallos. Algunos pueden ser sencillos: una tilde mal puesta, una palabra repetida o un personaje que tiene los ojos verdes en la página doce y azules en la veinte.

Pero hay otros que pueden no serlo tanto. Y aunque un escritor rara vez va a ser capaz de encontrar y corregir todos sus errores es importante que revisemos el manuscrito. ¿Cuántas veces? Pues depende. Mi recomendación, como verás más adelante, es que lo hagas al menos dos. También que te centres en aspectos distintos cada vez.

Por qué deberías establecer distintas etapas al revisar tu manuscrito

Al revisar un manuscrito, sobre todo, aquellos que son muy extensos, como una novela; podrías ver la necesidad de añadir escenas nuevas o de reescribir alguna que no te gusta demasiado.

Esto es normal. También es normal que en este proceso de reescritura cometas nuevos descuidos y aparezca alguna que otra falta de ortografía. De ahí que sea recomendable que revises tu texto al menos dos veces.

Sin embargo, antes de hacerlo, tienes que entender una cosa: tu libro nunca va a ser perfecto. Jamás. Siempre va a haber detalles que leerás y te harán pensar que esto o aquello habría estado mejor de otra forma.

Pero si cada vez que te sientes así, abres tu procesador de textos y realizas más cambios; corres el peligro de corregir tanto, que tu manuscrito pasará a ser un monstruo de Frankenstein literario. Mi recomendación es que te impongas un número limitado de revisiones y que en cada una de ellas te centres en un aspecto concreto.

Por ejemplo, podrías hacer lo siguiente:

  • Realiza una primera lectura enfocada a revisar el contenido de tu manuscrito.
  • Unos días después, empieza una segunda en la que corrijas la ortografía y el estilo.

Desde mi punto de vista, las personas somos increíblemente productivas cuando centramos toda nuestra atención en una cosa. Pero cuando intentamos dividirla en varias tareas diferentes, terminamos cansándonos de más y obteniendo un resultado peor que si las hubiésemos hecho por separado.

Tres consejos para revisar tus manuscritos

Anticípate a tus errores

Por mucho que te esfuerces es prácticamente imposible no cometer ningún error mientras escribes, sobre todo, aquellos relacionados con la ortografía y el estilo.

Los que sí puedes evitar, no obstante, son los que afectan al contenido de tu historia.

Al principio de esta entrada, te he puesto un ejemplo sobre eso: que en una página describas a un personaje como un mozalbete de ojos verdes y, más adelante, tenga los ojos azules.

La solución a este tipo de problemas es tan sencilla como tener un documento aparte donde apuntes la información básica de tus personajes. Una de las entradas más populares de Cómo escribir juvenil es, precisamente, la que dedico a la ficha del personaje.

Si escribes fantasía, novela histórica, ciencia ficción u otros géneros en los que haya una amplia variedad de escenarios, también puede ser de utilidad anotar la información más básica de los lugares a los que van tus protagonistas.

Lee el texto en voz alta

Cuando lees algo que tú mismo has escrito, a menudo, puedes saltarte líneas o fragmentos enteros. Como autor, tú ya sabes qué pone; entonces tu mente entra en piloto automático.

Revisar el manuscrito leyéndolo en voz alta es, por ahora, la mejor herramienta que conozco para evitar que esto suceda. Me obliga a centrar toda mi atención en el contenido que estoy revisando y me ayuda a encontrar ciertos fallos, como rimas internas y cacofonías.

De modo que, cuando estés corrigiendo tu manuscrito, este método te puede resultar de utilidad. Además, últimamente los audiolibros gozan de bastante popularidad. Así que escribir de forma que tu relato pueda ser narrado tiene sus ventajas.

Tómate tu tiempo

El viernes 13 de marzo de 2020, un amigo mío tenía la presentación de su libro. Llevaba varias semanas promocionándola en sus redes sociales y el local reservado desde hacía por lo menos un mes.

Lo tuvo que cancelar ese mismo día por culpa del coronavirus.

La realidad es que, en esta vida, muchas cosas se escapan a nuestro control. Si eres un autor novel, por ejemplo, nada te garantiza que la editorial con la que has contactado vaya a aceptar tu manuscrito. O a responderte siquiera.

Lo que sí puedes hacer es revisar tu manuscrito para asegurarte de que tu novela está en las mejores condiciones posibles. Ese es, al final, el motivo por el que revisas un texto. Y, nos guste o no, no estamos igual de frescos y concentrados cuando llevamos una hora de trabajo mental que cuando llevamos cinco.

Al menos no es mi caso.

Por eso, prefiero revisar uno, dos o tres capítulos al día, y asegurarme de que he dado el cien por cien; que revisar siete u ocho y arriesgarme a ignorar erratas que hubiera visto de estar más descansado.

Los límites de la autorrevisión

Como ya te he adelantado en varias ocasiones, un escritor nunca va a detectar todos los fallos y las incorrecciones al revisar su manuscrito. Como sus autores, estamos demasiado apegados al discurso para ver ciertos deslices y, en ocasiones, nuestra mente va a decir: «¡Eh, me acuerdo de esto! Vamos a la línea de abajo».

También entra, por supuesto, nuestro propio ego. A veces, tú puedes creer que una metáfora que has escrito es estupenda y luego, cuando otra persona la lea, te puede mirar con el labio torcido y decirte que no hay quién la entienda.

Por este motivo es muy importante recurrir a lectores cero. Pares de ojos, aparte de los tuyos, que puedan darte una opinión externa sobre tu obra y evitarte este tipo de problemas. Lo ideal es que sean personas que posean cierto bagaje como lector y en las que confíes lo suficiente para entregarles tu manuscrito.

Y que estén dispuestas a leérselo, claro. Que no es tan fácil como parece.

Si no conoces a nadie, o prefieres complementar estas opiniones y asegurarte de que tu texto está en las mejores condiciones posibles para su publicación, también tienes la opción de contratar a una correctora profesional, como Ana. Que nadie nace sabiendo.

Pero también puedes lanzarte a la aventura. Eso ya lo decides tú.